jueves 29 de julio de 2010

Tus armas de seducción


Sorpréndete con el resultado
Utiliza tus recursos, según tu posición

6. Ley de la perspectiva. Despliega tus armas, pero hazlo poco a poco.
No emplees todas tus fuerzas en un primer impacto o serás flor de un
día. Tómate tu tiempo para ver cómo son las reacciones que se producen
y actúa teniéndolas en cuenta.

7. Ley de la escalera. Utiliza tus recursos, según tu posición. Si por
ahora el tipo que te tiene loca no es más que un conocido, olvídate de
actuar como su amiga del alma o, peor aún, como una loba, o saldrá
huyendo. Si ya existe entre los dos una buena amistad, empieza a
desplegar tus armas de seducción.

8. Ley de lo opuesto. No copies estrategias de otras, inNOVA. Que a tu
chico sólo le gustan las lentejas como las hace su madre, pues que
vaya a su casa a comerlas y así la visita de vez en cuando. Destierra
ese plato de tu libro de recetas y prueba con algo que sólo sepas
hacerle tú. ¡Y de qué manera!

9. Ley de la dualidad. Vigila atentamente a las competidoras. Como
buena campeona de maratón que eres, mantén tu ritmo, pero mira por el
rabillo del ojo dónde está y qué hace tu principal adversaria.

10. Ley de los recursos. Usa la imaginación para evitar la rutina.
Además de tener una buena estrategia, necesitas los recursos adecuados
para invertir en esa idea y mantener la chispa. Así que, ya sabes,
échale imaginación para evitar la monotonía.

11. Ley de la extensión en línea. Enamora también a su familia y
amigos. Cuando ya estés segura de la relación con él, empieza a
introducirte en otros ámbitos de su entorno. La familia y los amigos
son los siguientes mercados a extender tu valor de marca. Toma tu plan
de marketing y a por ellos, pero no olvides que tu principal interés
es él. No lo descuides.

12. Ley de la mente.No basta con ser sólo fachada. Por muy fashion que
seas, tienes que aportarle algo más que un cuerpo bonito. Créale
cierta dependencia emocional, enganchando con sus deseos más íntimos.
Ya sabes: hoy por ti, mañana por mí.

13. Ley del sacrificio. Para lograr algo, hay que renunciar a algo. A
veces debemos tirar lastre para que el barco se mantenga a flote. Pero
antes de renunciar a algo, piensa hasta qué punto puedes vivir sin
ello. Por ejemplo, ¿hay hueco en tu armario para dos? ¿Te importa
levantarte y que otro lleve tu albornoz? No te prives de cosas
importantes para ti.

fuente: http://www.novarevista.com/pareja/Marketing_Del_Amor_2.html

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